Mi vida cambió

9 de enero, 2012. Por: Ricardo Emmanuel Sallas Ceniceros

Durango, Méx.- Qué gusto saludarlos, hermanos que visitan nuestra página del Seminario Mayor de Durango, en esta ocasión me tocó platicarles un poco de mi llamado a esta vocación…

Como podemos darnos cuenta, el llamado a la vocación sacerdotal se da de diferentes maneras, como ya anteriormente nos han platicado algunos de nuestros compañeros, porque Dios no nos llama de la misma manera.

Comenzaré contándoles que entré al seminario desde los quince años, cuando salí de la secundaria, pero antes de eso, en la adolescencia, recuerdo que no era la persona que ahora soy, era muy diferente, muchas veces rezongón, enojón, no obedecía tanto a mis padres, renegaba y peleaba con mi hermano, me la pasaba con mis amigos, a muchas cosas no les tomaba importancia y no tomaba las cosas en serio, etc., así como cualquier otro adolescente. A la Iglesia no asistía, no conocía tanto de ella; solamente el catecismo para hacer la primera comunión, mucho menos qué iba a saber lo que era el seminario. Una vez escuche la palabra “seminario” pero no me pasaba por la mente qué sería eso…

Un día mi vida dio un giro completamente, mi primer encuentro con Jesús en una “pascua de adolescentes”, recuerdo exactamente que fue en la semana santa de abril del año 2004, gracias a los jóvenes que la organizaron comencé a meterme más a la Iglesia, a reflexionar sobre mi comportamiento, las responsabilidades, en fin, mi vida cambió. Los jóvenes del grupo nos invitaron a asistir al grupo de adolescentes cuando se terminó la pascua y decidí asistir, así fue pasando el tiempo y por segunda vez escuché en ellos la palabra “seminario” ya que ellos asistían a convivencias que se organizaban ahí. Un día, en el año 2005, asistí a mi primer convivencia en el seminario menor, acompañado de mis amigos del grupo, recuerdo que me impresioné, me gustó demasiado la vida que se llevaba ahí, y en mí había deseos por entrar; aunque aún no podía, porque estaba en segundo año de secundaria, tendría que ser hasta que concluyera esa etapa.

Cuando regresé a mi casa les comenté a mis papás que me había gustado mucho todo lo que hacían, que me encantaría estar ahí. Cuando le comentaba a mi mamá que quería entrar al seminario ella me decía jugando: “ándale, a ver si es cierto, hay cuando llegue el tiempo a ver si te vas, es más, ya vete”. Ella no me creía que fuera a ir al seminario, pero en el año 2006, saliendo de la secundaria decidí ir al pre-seminario, que es de una semana en julio en la que se vive más intensamente la vida del seminario y se podría decir que es el examen para entrar. Pero antes del pre-seminario me inscribí a una preparatoria, solamente pagué la inscripción pero no fui a hacer el examen, extrañamente se me pasó la fecha; total, que terminando el pre-seminario me aceptaron, estaba demasiado feliz, llegando a Gómez Palacio les di la noticia, y mis papás decidieron darme todo su apoyo, me dijeron que me daban la libertad de escoger lo que yo quería, eso me puso más feliz porque ellos de alguna manera comprendieron lo que yo quería, aparte tuve el apoyo de mis hermanos, los del grupo de la Iglesia y mi párroco. Para ese tiempo tenía seis meses con mi novia, ella también asistía al grupo de la Iglesia, decidí terminar esa relación para comenzar bien mi nueva etapa. Para el 13 de agosto de ese año, entré al seminario menor, fue algo difícil para mí ya que me enfrentaba a una realidad solo, sin ningún familiar aquí en Durango, solamente los compañeros que conocí en las convivencias del seminario. Cuando me dejaron mis padres en el seminario, y al momento de despedirme de mis hermanos, fueron emociones tan fuertes, llenas de alegría y tristeza a la vez que me empujaron a seguir adelante en este camino.

Así fui avanzando poco a poco en mi vida de seminario y durante todo el tiempo que llevo aquí lo considero como el mejor tiempo de mi vida, ya que al seminario le debo muchas cosas, en gran parte lo que soy hasta ahora. El Seminario me ha regalado todos los momentos de encuentro con Jesús, momentos de gran felicidad, de tristeza, pero sé que gracias a la formación soy mejor persona.

Ahora me encuentro cursando mi sexto año en el Seminario, en segundo de filosofía. Es un camino difícil pero con la ayuda del Señor, que es lo principal, este camino se hace más llevadero.

Yo los invito a que no le tengamos miedo a Cristo, les aseguro que entre más le des de ti, Él te regresa muchísimo mas para tu vida. La vida es difícil en cualquier situación en la que nos encontremos, pero si decidimos unirnos a Dios, esa carga se hace más ligera.

Antes de despedirme les dejo esta frase de San Pablo que me ha ayudado en mi caminar: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Que Dios los bendiga y seguimos orando unos por otros.

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