
12 de diciembre, 2011. Por: Jairo Jesús Molina Pastrana
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Durango, Méx.- El primer indicio en mi inquietud vocacional surgió con un sueño a los 14 años de edad. En el sueño miraba una puerta un poco diferente a la del Seminario, era una puerta grande, yo sentía un gran deseo y curiosidad por entrar, pero después de mi primera novia a mis 15 años dejé la idea del Seminario pues pensaba que ya no podía entrar.
Pero al integrarme a los grupos en el templo del pueblo me empezaron a decir que veían en mí una vocación al sacerdocio y esto me llenaba de asombro, al momento de pedir por las vocaciones sacerdotales me sentía incómodo y un poco perturbado pues sentía que esas peticiones eran por mí.
Un momento cumbre en mi inquietud fue al irme a E.U.A. Al poco tiempo de haber llegado asistí a dos retiros, al término del segundo me pidieron que invitara, durante la Misa Dominical, a la comunidad a los retiros, ese día la iglesia estaba llena de gente, al subir al ambón el párroco, que no me conocía, me presentó como el futuro sacerdote, esto me desconcertó muchísimo.
Después en una Hora Santa se presentó una monja, a la cual yo no conocía, me preguntó que si me gustaría entrar al Seminario, ante esto pasó algo extraño, no podía contestar, se me hizo un nudo en la garganta y mis ojos se llenaron de lágrimas, sentí algo que no puedo explicar, cómo entre gozo, alegría, o asombro ante tal pregunta, solo moví la cabeza diciendo que si eso fue lo único que pude hacer o decir.
Pero el hecho decisivo en mi respuesta al llamado de Dios, fue que le pedí que mi papá aceptara mi decisión, cosa que creía muy difícil pues yo ayudaba a la economía familiar, entonces le pedí a Dios que si era su voluntad que yo entrara en el Seminario que mi papá aceptara y esa fue mi gran sorpresa pues aceptó con mucho gusto y disposición para ayudarme.
Algo que debo reconocer es que ya tiempo atrás tuve la oportunidad de entrar al Seminario de San Louis Missouri pero debido a los problemas económicos por los que atravesábamos desistí e intenté olvidarme del llamado que me hacía Dios; pero Él otra vez me habló por medio de mi actual párroco que me orientó y me apoyó para venir al discernimiento vocacional.
Después de todo lo pasado decidí abandonarme en la voluntad de Dios y quitarme de una vez esta espinita de la vocación y aunque seguí pasando dificultades Dios por su amor y su gracia me tiene aquí no sé ni cómo pero gracias le doy por todo y le pido ayuda para corresponder con generosidad a su llamado.
Seminario Conciliar de Durango A.R. Estroncio 160 Cd. Industrial. Durango, Dgo. Méx.