
30 de octubre, 2010. Por: Edsson Gerardo Zamarripa Galindo
Edsson Gerardo Zamarripa Galindo (primero de derecha a izquierda en la imagen) es hijo de José Luis Zamarripa Ramírez y Celia Galindo Névarez, es el mayor de tres hijos. Originario de Guadalupe Victoria, Dgo, estudió su primaria en la Escuela Carlos Romo y la Secundaria en la Esc. Sec. No. 8 de esa ciudad. Ingresó al Seminario Menor en 2006
![]() |
Durango, Méx.- Para dar inicio a esta historia debo ser realmente franco en decirles que aun no logro comprender este grandioso llamado que el Señor me ha hecho, sin embargo debo expresar que estoy profundamente agradecido por este magnifico regalo que Él me ha dado y que sin duda ha marcado toda mi vida.
Todo comenzó a la edad de 15 años mientras cursaba la secundaria, recuerdo era un adolescente muy inquieto, me gustaba mucho bailar y salir a pasear con mis amigos, todo era tan normal y rutinario, aparentemente.
Hasta que un domingo cambio todo. Era uno de esos domingos en los que solía ir obligado a misa, pero en el transcurso de la celebración mire a un joven vestido con traje de monaguillo que estaba ayudando al Padre en el presbiterio, mi curiosidad me hizo preguntarle a mi mamá ¿qué hacía él ahí arriba? A lo que ella contestó que era un seminarista, es decir, que se estaba preparando para ser sacerdote, y espontáneamente yo le dije que quería ayudarle al Padre así como el lo hacía. Sin embargo mi madre contestó que primero tenía que ser un monaguillo.
Pues que voy al término de la celebración a decirle a aquel joven que yo quería ser monaguillo. Él me citó para el sábado siguiente en la iglesia, y me pidió de favor que fuera vestido con ropa deportiva. Y así lo hice, llegue el sábado a la parroquia a la hora fijada. En el transcurso del día, aquel joven nos enseñó como utilizar los objetos litúrgicos, pero al término de esto nos fuimos a jugar futbol.
Para ser sincero lo primero que pensé es que aquel joven no tendría ni idea de cómo jugar futbol pues su oficio era solo rezar o dedicarse a las cosas de Dios. Cuan sorpresa me llevé al verlo jugar, todo el juicio que había hecho anteriormente, quedó totalmente destruído.
Desde aquel día creció mi curiosidad por saber más acerca de la vida de un seminarista y un sacerdote. No hicimos buenos amigos, los sábados y domingos me platicaba acerca de la vida del seminario.
Pero yo continúe con mi vida normal pensando en terminar la secundaria e ingresar posteriormente a la preparatoria. Pasó el tiempo y al llegar el mes de mayo recibí una invitación de aquel joven seminarista para asistir a una convivencia vocacional en el Seminario Menor. Con un poco de curiosidad y a la vez miedo decidí asistir invitando también a mis amigos de secundaria.
La estancia de dos días en el seminario fue algo muy extraño, pues mi impresión era ver que los jóvenes que vivían en aquel lugar estaban privados de muchas cosas, sin embargo se veían realmente felices y poseían muchísimas cualidades como tocar varios instrumentos, jugar futbol, cantar y hasta bailar. Pero sobretodo su comportamiento era muy diferente comparado con el de los jóvenes que yo conocía.
Regresamos mis amigos y yo a nuestro lugar de origen, ellos un poco desanimados tal vez porque nos les agradó mucho, pero yo sentía un no se que, algo, como un deseo por descubrir que era lo que a esos seminaristas los hacía tan felices a pesar de sus privaciones.
Transcurrieron los meses y me olvide de aquella experiencia, seguí con la mentalidad de terminar la secundaria, ingresar a la preparatoria y en un futuro al tecnológico para realizar una carrera.
En fin, terminé la secundaria… Al poco tiempo recibí una carta para asistir al preseminario, que se realizó en el mes de julio, sin dudarlo decidí asistir, fue una semana que estuve en el seminario sin ningún compromiso, pues ya estaba seguro que ingresaría a la preparatoria de Guadalupe victoria.
Esa semana cambió todos mis planes, pues a mitad de ella, tomé la decisión de ingresar al Seminario para comprometerme a vivir esa “loca” y “absurda” aventura de responder a Cristo por la llamada que me ha hecho a seguirlo por este camino.
Sinceramente todavía no estoy seguro si verdaderamente quiero ser sacerdote pues aún estoy en esa búsqueda, pero de una cosa si estoy seguro: que encontré el motivo por el cual aquellos jóvenes eran felices, la respuesta era simplemente, porque habían encontrado a Cristo Jesús.
Seminario Conciliar de Durango A.R. Estroncio 160 Cd. Industrial. Durango, Dgo. Méx.