¿Me amas?

7 de noviembre, 2010. Por: Christián Adrián Contreras Jácquez

Christian Adrian Contreras Jacquez, hijo de María Yolanda Contreras Jacquezes, es el menor de dos hijos. Originario de la ciudad de Durango, de una comunidad conocida como "La Tinaja", pertenece a la parroquia del Santuario de Guadalupe. Entró al Seminario en el 2002.

Durango, Méx.- Cuando se me pidió que escribiera este artículo pasaron por mi mente los 8 años que he pasado de mi vida en el Seminario, y sin duda he recordado los muchos momentos que he pasado y la cierta madurez que he adquirido a lado de compañeros, asesorado por formadores, tomando el testimonio de personas de fe, ayudado siempre de la vida sacramental, sobre todo en la Eucaristía que tiene implicaciones en la participación de ella en mi vida.

Quiero compartir en esta ocasión la llamada experiencia de lo que me he dado cuenta a lo largo de este tiempo privilegiado, y es que quiéralo o no, me he dado cuenta de los rasgos del pueblo y la necesidad que tiene frente a lo que el mundo ofrece por medios vanos, digámoslo de otra manera tiene necesidad de una experiencia del Trascendente para que sus obras tomen un rasgo de pasión y de amor, confiándose a que solo será el inicio de un fructífero retorno a Quien nos amó primero concediéndonos el don de la vida. Esta realidad me acompaña hoy, y ante ella me siento interpelado a la manera de Pedro, cuando el Maestro le pregunta en triple ocasión: ¿me amas? (Cfr. Jn. 21), y es que en mi caso esta misma pregunta taladra en mis sentidos, pues sé las implicaciones que tiene a partir de una respuesta positiva, pues al pastor en nuestros tiempos le es difícil asemejarse al que el Evangelio nos pide a la manera de Cristo.
Es sabido que nuestra experiencia en el Seminario comienza en una comunidad desconocida, llega uno y conoce personas de la misma edad, con el mismo ideal, pero de diferentes culturas y costumbres familiares, siento aquí un primer llamado: Hacer comunidad e ir formándola con los elementos humanos que se encuentran a tal grado de llegar a identificar esa pequeña comunidad y darle una formalidad en la caridad, como un primer ¿me amas? Ahora sé que esta identificación es favorable y necesario para entender el rasgo eclesiológico que tiene que ver con los que han querido seguir a Cristo, pues ahora no les será difícil adentrarse y más aún pastorear en una comunidad que es distinta en rasgos a la que estaba acostumbrado, además de la implicación de universalidad que tienen las obras de Misión.

Otro aspecto importante en mi experiencia es el descubrimiento de la propia persona, me pongo a pensar en aquél que entró con ideales altos en cuanto al sacerdocio, que sin duda ayudan y reimpulsan, pero no se había tenido en cuenta a él mismo, con debilidades, deficiencias, virtudes, tristezas, alegrías, lo cual es importante para la configuración con el supremo pastor, imaginémonos a quien tiene ideales y no tiene personalidad ¿Qué es lo que se configurará con Cristo? ¿Un ideal? Claro que no, por ello la importancia de la madurez en la persona que quiere ser Sacerdote, llamado rasgo antropológico como una nueva intervención con ese ¿me amas? Además de una motivación a conocerse uno mismo, para que a partir de ese conocimiento la respuesta sea más generosa que al principio, digámoslo así: con conocimiento de causa.

Sobre la experiencia que necesita el pueblo, antes mencionada, no me descarta a mí y aunque la respuesta que pretendo dar es un tanto diferente habrá de llevarnos a todos al mismo destino, obvio partiendo de una misma experiencia, la de Cristo, que aparece nuevamente pidiendo generosidad ¿me amas? Ahora ya con una exigencia mayor, haber experimentado el amor grandioso del Padre, al haber aceptado nuestra personalidad y no tener acción sería un tanto una actitud de “deshogado”, pues nos hemos dado cuenta de la alegría en la que se vive teniendo una experiencia de Cristo y ¡la estamos guardando! ¿Para qué momento? Es ahora la hora que mi persona tenga actividad en la comunidad de los creyentes y de los que todavía no lo son, para así unirme con Aquél que a lo largo de mi experiencia ha estado presente interpelándome, es el rasgo escatológico, el querer a partir de Cristo unirme a su Iglesia peregrina en la tierra para disfrutar de la celestial plenamente frente al Padre.

Esta es mi experiencia vocacional en el Seminario de Durango, y estoy seguro me seguirá acompañando a lo largo de mi vida, todo lo he aprendido a través de personas que me han llevado a tener ésta, como una sola, experiencia y seguiré atento a los medios de que Dios se vale para mostrarme el camino vocacional que he de seguir.

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