Señor, acéptame como uno de tus obreros
Edgar A. Caballero Ponce

Sin duda alguna la vocación del hombre en primer lugar a la vida, es el Don más preciado que poseemos, ya que nuestra existencia no es fruto del azar o de una mera casualidad sino del gran amor de Dios expresado en nuestros padres. El hombre conforme va creciendo va experimentando y reafirmando este llamado que se le hace a través de su respuesta. Dios llama en particular a cada uno de nosotros a prestar un servicio.
Mi nombre es Edgar Armando, proveniente de una familia cristina, tuve la dicha de crecer y de desenvolverme en un ambiente donde se me inculcaron valores y principios religiosos, soy el mayor de seis hijos. Sin duda alguna el Plan de Dios se va tejiendo de una manera misteriosa en cada hombre que desea cumplir su voluntad.
Desde muy chico fui mostrando, por la misma educación que recibí inquietudes y deseos por alcanzar un ideal. Mis padres siempre se preocuparon por acercarnos a las cosas de la Iglesia, en particular pienso que eso fue un factor decisivo para ir discerniendo el llamado del que era participe, aunado a esto, el ejemplo y el testimonio de mi párroco hicieron crecer más mis deseos por abrazar la vida sacerdotal. Pero también no descartaba la posibilidad de realizarme y de estudiar una carrera entre las cuales era el ser piloto, o medico.
Pertenecí al equipo de monaguillos de la parroquia, y sin duda alguna la cercanía con mi párroco y con algunos seminaristas, me motivaban aun más, apañando cada día mis otras dos inquietudes. Asistiendo a algunos retiros de monaguillos conocí al promotor vocacional de aquel entonces, hoy rector del seminario mayor el padre Raymundo que me invito a participar de algunas convivencias vocacionales en la ciudad de Durango y de Cuencame, únicamente asistiendo a la segunda.
Más tarde mi párroco, el padre Valente Favela me hizo llegar una carta para asistir al pre-seminario. Fui aceptado e ingresé al seminario un día domingo 20 de agosto del año 2000 en el que hasta la fecha continúo mi formación. No cabe duda que somos muchos los llamados pero pocos los escogidos, de mis 38 compañeros que entramos al menor, únicamente perseveramos 5 (Emersón Cárdenas, Manuel Cesáreo, Pascual Lara y Joaquín Duarte). Estoy agradecido en primer lugar con Dios, que se ha querido valerse de mí para una misión importante, con mi familia, con mis compañeros que son mis hermanos.
“Señor acéptame como uno de tus obreros si soy digno”.







