
21 de octubre, 2011. Por: Alán Joaquín Martínez Soria
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Durango, Méx.- Toda vocación tiene un comienzo, al principio yo entendía por vocación algo distinto a una forma de vida. Entendía por vocación una profesión; pero ahora entiendo que la vocación es una vida. Si todo hombre se diera cuenta, de lo que es verdaderamente la vocación, estoy seguro de que cada uno de ellos haría lo posible por buscar el camino de vida para la santificación.
Al término de mis estudios de preparatoria, mi proyecto de vida era muy diferente y estaba encaminado a otro fin: dos caminos entre los que tenía que elegir: el primero se dirigía hacia la Escuela Normal del Estado, la otra y mi pasión la Escuela Narro, en la cual me dispondría estudiar zootecnia.
El primer paso para tomar la decisión más importante en mi vida estaba entre elegir entre estas dos escuelas, al final me incline por la escuela Normal e inicie mi camino, el primer problema al que me enfrente era la demanda de aquella escuela, ya que el número de aspirantes sobrepasaba los setecientos, todos estos con un mismo fin, de los cuales solo noventa serian elegidos. Una vez terminado el examen, espere larga horas hasta la publicación de los resultados, al ver mi nombre en el número ciento treinta, mis expectativas se venían abajo.
De regreso a mi casa, el camino me ayudó a meditar aquel momento de desilusión. Al abrir la puerta de mi casa, mi mamá esperaba con ansias las respuestas de las preguntas que ella se hacía, pero al saber cuál era la realidad sintió un balde de agua fría, la tristeza se apoderó de aquel cuadro entre madre e hijo.
Una semana más tarde mi madre me ofreció una propuesta: “el seminario”, pero yo traté de evadir aquella situación, sobre todo porque no era un joven muy allegado a la iglesia, pero ella no desistió de aquella idea, por lo cual una semana después de énfasis, le di una respuesta a su cuestionamiento, el siguiente paso era poner al tanto a mi párroco sobre aquella nueva inquietud. El me dio un gran apoyo dándole fuerza a mi decisión. Mi única pregunta era como sería el seminario y lo más inquietante el retiro vocacional (Preseminario), que sería los días del 11 al 16 de julio del 2010, ¡sólo me quedaba una semana por decidir entre ir o no ir!, al final mi decisión fue ir para que mis vacaciones se acortaran, solo por diversión.
Llegó el día del preseminario, por lo cual ya estaba preparado para ir. Una vez en las instalaciones del seminario me sentía un poco desubicado, ¡no conocía a nadie!, los primeros dos días fueron algo extraños pues solo había hecho dos amigos, en los siguientes días de la semana mi adaptación con aquél grupo de jóvenes con la inquietud por seguir a Jesús fue cambiando de manera muy positiva y al final de la semana estaba convencido de aquel llamado que Jesús hace todo el que quiere como servido para su mies. El último día de retiro se hacía presente, ahora mis nervios eran por saber si sería aceptado o no, y efectivamente, fui aceptado. Hoy hago memoria de aquel momento y a un año y medio no me arrepiento del llamado que el Señor me hizo y me sigue haciendo. Soy parte de aquellos de los que el Señor ha llamado y sigue llamando.
Haciendo memoria de lo que ha sido mi vida antes de entrar a esta casa de formación, les confieso que la palabra "seminario" no existía ni en mi pensamiento ni en mi léxico. Hoy digo "seminario" no como una simple palabra sino como algo que se vive, algo que no se puede explicar pues es algo único.
Un solo detalle, en el Seminario no existen los amigos, en el Seminario existe una gran familia unida, la familia que se preocupa y se ocupa por ti. Agradezo a Dios por tantas bendiciones que me ha dado.
“Me has seducido Señor, Y me deje seducir por ti” (Jer 20, 7)
Seminario Conciliar de Durango A.R. Estroncio 160 Cd. Industrial. Durango, Dgo. Méx.