
24 de octubre, 2010. Por: Edgardo González Sánchez
![]() |
Durango, Méx.- Cuando me pidieron que escribiera como es que había descubierto mi vocación, comencé a reflexionar y hacer memoria precisamente de esto, ¿cómo es que realmente había decidido entrar al seminario? Hasta el momento no he descubierto completamente el por qué decidí entrar. Pero de lo que estoy seguro es que es un llamado de Dios, al cual estoy respondiendo.
Comenzando a hacer memoria no encontré en mis recuerdos algún momento en el cual hubiese pasado por mi mente ser seminarista y para mi punto de vista, yo no tenía vocación para esto. Aunque pertenezco a una familia muy unida y católica que desde pequeño mis padres y abuelitos me fueron inculcando que siempre tuviera a Dios presente en todas mis acciones, aunque en realidad no siempre lo tenía presente; fui creciendo al lado de mis dos hermanos, uno de ellos (el mayor) entró a un equipo de monaguillos y yo por seguir su ejemplo también entré, creo que solo fue un año el que estuve dentro de este equipo, y al salir de él no recuerdo que me haya acercado mucho a la Iglesia, quizás solo algunas veces los domingos a Misa.
Pasa el tiempo y al llegar a preparatoria conozco a unas chavas que me invitaron a un grupo llamado EPA del cual formé parte, es aquí donde gracias a este grupo vuelvo a estar más cerca de Dios, pero aún así nunca creí que me tuviese la inquietud de entrar al seminario, pero esta inquietud llega el día en que por primera vez visite el Seminario Mayor, esta visita se dio porque un conocido de la familia fue ordenado diácono, al finalizar el evento comenzamos a salir, y al pasar por la Biblioteca de dicho seminario, hubo algo que me llamó la atención, en ese momento dije “¡que genial sería estar aquí para poder leer todos estos libros!”, en ese momento mi mamá emocionada por lo dicho le comenta al párroco de la ciudad donde vivo y después al diácono Pascual Ramírez y este último me dice: “ve al preseminario para que conozcas un poco más .” Y así fue, viví el preseminario y me gustó, aunque aún no me convencía del todo, como para quedarme dentro del seminario, pero por razones que no conozco entré y hasta el día de hoy no me arrepiento de haber tomado la decisión de estar aquí y responder al llamado a Dios.
Y hoy puedo decir: señor estoy aquí para hacer tu voluntad.
Seminario Conciliar de Durango A.R. Estroncio 160 Cd. Industrial. Durango, Dgo. Méx.