Aunque no era el mejor Dios me ha elegido

3 de octubre, 2010. Por: Luis Alexis Cano Méndez

Durango, Méx.- Mi historia comienza cuando en una ocasión platicaba con mis amigos en el lugar donde todos los recesos nos reuníamos. Hablábamos acerca de lo que haríamos al salir de la secundaria, algunos decían que estudiarían en el Colegio de Bachilleres, otros al CECYTED y unos más al CEBETA, entonces llegó mi turno, todos me miraron y me preguntaron  que en dónde estudiaría, le contesté que aún no sabía. En aquella ocasión así quedó todo.

Un día cuando  iba de viaje con mi familia (casi al salir de 3º de secundaria) mis padres me comentaron que si quería entrar al Seminario; para ser franco, jamás había sido muy acercado a la Iglesia, uno que otro domingo iba a Misa, solo por acompañar a mi abuela. En ese momento no sabía lo que era un Seminario, sabía, en efecto, que los sacerdotes existían, pero no tenía ni idea de cómo se hacían o de dónde venían.

Aquel día, cuando me propusieron que entrara al Seminario, yo acepté. Mis papás me dieron  los datos de la Convivencia Vocacional y del Pre-seminario, inmediatamente pensé que sería algo nuevo. Me explicaron un poco acerca de lo que era esto. Había en el Seminario un joven que yo conocía y que había crecido mucho en todos los ámbitos de su vida durante los últimos años.

En el último mes del 3er año de la secundaria nos reunimos los amigos como solíamos hacerlos en aquel lugar. Nuevamente platicamos de lo que haríamos al salir de secundaria, algunos seguían firmes en su respuesta, otros habían cambiado, ahora me tocaba a mí responder ante la pregunta “¿Dónde entrarás?”, después de un momento de silencio les contesté que entraría al Seminario, hubo otro silencio hasta que me comenzaron a preguntar que si sería sacerdote, debo admitir que para mí era como una broma, les conteste riendo que no, que solo haría la prepa ahí y luego saldría a un Universidad.

Llegó la graduación junto con las vacaciones, al término de estas entre al Seminario. Al inicio me sentí un poco solo porque no conocía casi nadie. Luego todo fue mejor, las cosas cambiaron, todo marchaba bien. Pasó el primero, luego el segundo año del Seminario Menor. A mediados de este año algo pasaba, mi idea de solo hacer la “prepa” cambiaba. Comencé a considerar el ser sacerdote y fue que por medio de la oración me di cuenta de que Dios me llamaba, de que tenía una misión para mí.

Hoy que me encuentro en el Curso Introductorio me entero de que Dios llama por muchos medios y que yo, aunque no iba mucho a la iglesia, estoy aquí, que aunque no conocía a ningún sacerdote, Dios me ha hablado, y aunque no era el mejor ni el más sabio, ni el más apto, Él me ha elegido y espero con la gracia de Dios poder seguir dando la respuesta afirmativa que espera de mi para culminar la misión que me ha encomendado.

Hasta este momento no he vuelto a ver a mis amigos de la secundaria, me gustaría verlos, para decirles con gran gusto ¡SI QUIERO SER SACERDOTE!

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