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"Déjense guiar por el inmenso amor que Dios nos comparte"

Por: J. Gabriel Cervantes J.


Durango, Méx.-
El pasado 30 de septiembre fueron ordenados sacerdotes, por imposición de manos de Mons. Enrique Sánchez,  los diáconos Juan Antonio Chávez Pérez, Noé Soto Valdéz, Mario Adolfo de Jesús Álvarez Santana, José Juan Solís Páez, Fermín Aarón Favela Cuevas y Saúl Zamarripa Saldivar; en la Velaria de la Instalaciones de la Feria de Durango, que lucía majestuosa y con un lleno del 85% aproximadamente.
La cita fue a las 11:30 horas local. Mucha gente que conoce a los ya ahora neordenados se dieron cita para presenciar este gran acontecimiento eclesial que llena de alegría tanto a la iglesia local de Durango como a la Iglesia Universal.
El obispo auxiliar, Mons. Enrique Sánchez, durante exhortó a los nuevos sacerdotes a realizar bien su misión, dio gracias a Dios por los frutos que se van dando pues después de un arduo trabajo lograron florecer; sobretodo agradeció a aquellos que estuvieron a lado de estos jóvenes durante su camino al sacerdocio, sus familiares, formadores, compañeros y amigos. También se enfocó mucho en la responsabilidad que conlleva ser una configuración con Cristo, o sea, ser otros Cristos que, como ejemplo a Él, se dejen guiar por el inmenso amor que Dios nos comparte. Explicaba que al tener tan gran potestad, no deben ser como aquellos que solo están entre las ovejas para robarles su lana y su leche, su objetivo como sacerdotes es encaminarlas por el buen camino que es Cristo, vivir con ellas y entenderlas, y a ejemplo de Jesucristo mostrar el amor más perfecto, el dar la vida por sus ovejas.
Después de la homilía, se llevó a cabo la imposición de manos y la oración consecratoria para pedir la asistencia del Espíritu Santo sobre estos elegidos. En todo este proceso a los nuevos pastores se les dio de inicio las responsabilidades que deben de tener para consigo mismos y para con los demás, y también  la fidelidad que deben manifestar a la Iglesia. Una vez comenzada la imposición de manos todos los sacerdotes, que asistieron a la ordenación, empezaron a acercarse a los nuevos sacerdotes para imponerles las manos. Iniciando en ellos un nuevo camino, una misión que Cristo les confiere.
La misa continuó de forma normal con los nuevos sacerdotes; teniendo muy en cuenta la presencia del Seminario Mayor, que dirigió los cantos litúrgicos y el Seminario Menor, además de los miles de feligreses que se dieron cita en este lugar para acompañar a los nuevos presbíteros de la Iglesia.
Al finalizar la Eucaristía se realizó una verbena popular para festejar a estos nuevos sacerdotes.