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La Biblia y su contenido

Por: Fernando Arellano

Sagrada Escritura, Palabra de Dios, Libro de la Revelación, Libros Inspirados, Carta del Amor de Dios, son nombres que continuamente escuchamos y que no pretenden sino remitirnos a una situación concreta como lo es la historia de la Salvación.
En efecto, Biblia es una palabra griega que significa libros. Son 73 libros, escritos por autores es diversas épocas y lenguas. En la Biblia converge la autoría de Dios y la autoría del hombre ya que estos libros, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido entregados a la Iglesia. Pero en la redacción de los libros sagrados Dios eligió a hombres que utilizó, usando ellos de sus propias facultades y fuerzas, de modo que obrando el en ellos y por ellos, escribieron como verdaderos autores todo y solo lo que Dios quería. (DV. 11)
Esta realidad de la Biblia como libro humano y divino, nos debe poner alerta sobre toda falsa interpretación de la misma en especial sobre la verdad que contiene. La Biblia no pretende ser un manual de ciencias naturales, ni una exposición científica de hechos geográficos e históricos, la Biblia nos transmite la Verdad de nuestra salvación, y esta Verdad se encuentra plenamente en toda ella.
Por ello san Jerónimo decía que desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo, y puesto que él es nuestra salvación, en la Biblia, en especial en el Antiguo testamento y en Jesucristo en el Nuevo Testamento, se nos prepara para ello por medio de la manifestación que Dios hace al pueblo de Israel dónde se da a conocer como el único Dios y con ello su voluntad, es decir, que sea su pueblo. Esto lo hace a través de una pedagogía divina: por medio de los patriarcas, Moisés y los Profetas para que lo reconocieran como único Dios verdadero, Padre providente y justo juez y para que esperaran al salvador prometido, y de esta forma a través de los siglos ,  fue preparando el camino del Evangelio. (DV.3)
El cristianismo no es una religión que se basa en una letra muerta, o en otras palabras, no es una religión del libro, sino que es la religión de la Palabra viva y eficaz. El culmen del plan salvífico es esta Palabra, el Verbo de Dios, Cristo, con su vida, pasión, muerte y resurrección. Por ello cada vez que nos acerquemos a la Biblia, hay que hacerlo con la conciencia de que Dios tiene un mensaje para nosotros: mensaje de verdad, vida y de plenitud.