Y llegó el Papa Juan Pablo II a Durango

31 de octubre, 2011 :: Por: Luis Armando Carlos Alfaro

 

Tal como hace más de 21 años la gente recibió al Papa Juan Pablo II, ahora por medio de sus reliquias que principalmente consisten en una ámpula que contiene su sangre. El Durango siempre fiel se volcó a las calles principales de esta ciudad para verlo llegar y pedirle que interceda por nosotros ante Dios.


Durango, México.- Con gran alegría miles de duranguenses dieron la bienvenida al beato Juan Pablo II en sus reliquias la madrugada de este 31 de octubre en la Plaza de Armas de esta ciudad capital.


Desde temprana hora niños, jóvenes y adultos se iban congregando poco a poco a los alrededores de Catedral, entre cantos, porras y bailes todos se preparaban para recibir la sangre del Papa peregrino que por casi 27 años de pontificado visitó cinco veces nuestro país, una de esas visitas fue precisamente a Durango en mayo de 1990.


La hora oficial para la recepción de las reliquias era las nueve de la noche del domingo, pero por algunas fallas mecánicas del carro donde transportan las reliquias se retrasó dicha recepción prolongándose hasta la 1:05 de la mañana de este lunes. El arzobispo de Durango animó a la gente a quedarse pero si por algún motivo tenían que irse a sus casas lo podían hacer, yo si me quedo, exclamó nuestro pastor, animando a la gente a guardar con paciencia la llegada del beato Juan Pablo II.


El coro del Seminario con sus cánticos hacía vibrar a las miles de personas reunidas, que como un solo pueblo y como si se conocieran de siempre se dieron a la invitación que hacían los seminaristas, hasta don Héctor se animó a cantar provocando el revuelo de la gente al escuchar Jesucristo me dejó inquieto e Iglesia Bonita.


Temas como El Amigo o Pescador hicieron que algunos derramaran lágrimas, otros más con voz a cuello cantaban con ánimo despierto a pesar que ya estaba entrada la madrugada. Las campanas de Catedral repicaban alertando a los asistentes que el Papa estaba cerca. El sonido local anunciaba que estaba por llegar y los cánticos seguían.


Muchos prefirieron dormir mientras las reliquias del beato llegaban. Otros más recordaban aquel 9 de mayo de 1990 y con lágrimas en el rostro la gente de mayor edad lo recordaban cuando Juan Pablo II salió por el balcón del arzobispado para saludarlos.


El reloj marcaba ya la 1:05 de la mañana, las campanas suenan, ciriales e incienso anuncian la llegada y miles de personas arremolinándose sobre el camellón central de la avenida 20 de noviembre para ver pasar, aunque sea por unos segundos la sangre del Papa que anunció paz y esperanza durante su pontificado. A la voz del tema del Amigo la gente recibía a su Papa, a su beato. Nadie perdía la oportunidad de sacar alguna buena foto de recuerdo o simplemente verlo pasar alzando sus manos al cielo pidiendo un favor a Dios. A pesar de que la hora era inoportuna miles de personas se esperaron para recibirlo, muchos de ellas enfermas y a pesar del frío se quedaron hasta que el Papa arribó a Catedral.


El arzobispo de Durango le dio la bienvenida en un escenario colocado justamente a un lado de Catedral, posteriormente las reliquias de primer y segundo grado, en procesión solemne fueron colocadas al interior del recinto religioso para exponerlas a la veneración de los fieles durante toda la noche hasta la madrugada del día 1 de noviembre.

 

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