
Reflexionar sobre Guadalupe
12 de Diciembre, 2011 :: Por: Ángel Favela Gallarzor
Reflexionar sobre la Morenita del Tepeyac es un tema que me da mucha alegría, pues resulta sorprendente, me maravilla como es que Dios siempre busca comunicarse con su pueblo en su mismo lenguaje. Lo vemos en las Sagradas Escrituras, Dios se hace hombre, para que el hombre lo pudiera conocer.
Ahora Dios mismo trascribe un “códice” en el ayate de san Juan Diego, para que por medio de nuestros antepasados los indios, comprendieran la grandeza de aquel anuncio que los misioneros vinieron a traer. Así como Moisés libera de la esclavitud de Egipto a los Israelitas, de la misma manera lo hace la Virgen de Guadalupe, que con su mensaje trasmite paz para aquel pueblo naciente en la fe Cristiana.
Nuestra Señora se presenta ante los mexicanos como la madre del verdadero Dios por quien se vive, de esta manera hace referencia a los mismos títulos reverenciales que ellos usaban “Cabe al Cual está Todo; Dador de vida; Inventor de los seres humanos; Dueño del Cerca y del Junto; Dueño de la Región Celeste”. Además se presenta ante nosotros con un rostro mestizo, para identificar a la nueva generación, producida por el choque de dos culturas.
La virgen viene vestida de Tonatiuh, el sol, para el pueblo del sol; lo hace justo el día en que se conmemoraba la salida de sus antecesores de Aztlán, su patria ancestral. Aparece entre nubes, tal y como vieron Moctezuma y sus sabios llegar a Hernán Cortés; razón por la cual lo consideraron divino. Para ellos la nube es símbolo de Dios y su Ayudantes. Viene vistiendo una tilma color turquesa, propia sólo de las emperadores; símbolo del cielo nocturno, con las constelaciones del solícito invierno. Encontramos lo invisible e impalpable presencia de Ometeotl, de Dios, que la envuelve, portando una túnica que era su propia tierra, cubierta por las montañas floreciendo en su honor.
Ella se encuentra posada sobre la luna, que tiene distintos significados para el mexica; símbolo del propio México: cuya etimología es metz – luna, xic – ombligo o centro y co – en; posada en el centro u ombligo de la luna. Al mencionar sobre este tema, me viene a la mete, una escena de mi infancia: recuerdo como un día en la escuela, la maestra me mostró un pequeño calendario de billetera, que tenía como imagen a la Virgen de Guadalupe, recuerdo que me habló personalmente a mí, y sólo para decirme que los católicos veneraban imágenes diabólicas, puesto que la luna que estaba a sus pies que para ella eran los cuernos del diablo, aquello provocó una reacción reflexiva en mí, pero no me afectó en nada; ahora veo como en una reflexión teológica, vemos que en el libro del Génesis, cuando Dios castiga la serpiente, le dice “la descendencia de esta te pisara la cabeza”, la luna bajo sus pies es la representación de las tinieblas, del mal, y ella está sobre el mal, pisando a la luna.
Podemos observar en la imagen plasmada en el ayate, cómo tiene un laza a la cintura, o más bien, elevado hasta el pecho, mostrando que la doncella está en cinta; una mujer trasformada en sol, porque lleva en su seno al Sol Nuevo, cuyo símbolo es el trébol de cuatro hojas, el cual aparece solo una vez en la túnica, bajo los extremos del cíngulo, a la altura de la matriz. Conocido como la Cruz de Quetzalcóatl para los estudios de los náhuatl, el Quinto Sol; el Corazón del Cielo, es el signo geográfico nahua más famoso, la expresión de los Cuatro Elementos de los Puntos Cardinales. Y en su cuello un pequeño broche, idéntico al ovalo de jade, que las estatuas de los dioses llevaban sobre su pecho como su propia alma, lo que les confería la vida.
Una virgen pintada por Dios, que manda el ayate como un códice escrito en su propio lenguaje, lo cual llevó a los mexicanos a adoptar masivamente a la Guadalupana como suya. Pasemos a analizar de una manera detallada el ayate.
La textura del lienzo, está hecho de una tela áspera, de fibra de “agave popotule”, a esta fibra se le conoce como “Iscle” que significa “cerro o copo de maguey”, de esto se hizo el lienzo del san Juan Diego, el cual mide 1.68cm de altura por 1.3cm de ancho. En el lienzo algo que llama realmente la atención, es que la tela aparezca como no pintada, sino como impregnada de color; también es sorprendente la conservación del ayate desde 1531 hasta nuestros días, alrededor de 480 años.
Los investigadores norteamericanos Smith y Callahan, con la técnica de su dominio, la fotografía infrarroja empleada en el estudio crítico de pinturas antiguas. El infrarrojo es capaz, de hacer trasparente una capa de barniz, y permite al investigador ver con claridad una pintura que a la luz ordinaria aparece obscura; dibujos cubiertos por suciedad, decolorados, pueden verse pormenorizadamente en la película infrarroja. Por medio de la fotografía infrarroja se pueden descubrir los trazos que fueron hechos antes de que la pintura fuera realizada. El estudio fue realizado y tuvo distintos resultados:
La pitura dorada de los rayos solares es oro metálico; el amarillo dorado de las estrellas y de la fimbria, es un pigmento desconocido, probablemente tierra natural ocre con hidrato de alumina. Esto fue añadido mucho después de que se formó el original. La luna y el moño fueron añadidos antes que el resplandor del fondo. El azul del mato es de un pigmento semi-trasparente desconocido, y es inexplicable por tener una cierta densidad y no haberse decolorado. Algo verdaderamente extraño de la imagen, es que no se encuentra cubierto por ningún barniz y sin embargo se encuentra tan brillante y colorido como si se acabara de pitar. Acerca del rostro se concluyo que está hecho con pigmentos desconocido mezclado de tal manera que aprovecha las cualidades de la difracción de la luz causada por la tela sin apresto, para impartir el matiz olivo al cutis. A pesar de que se le han hecho retoques a la imagen, estos con el tiempo se deterioran pero en el fondo la imagen sigue estando como recién pintada. Por lo que la conclusión a la que llegaron los investigadores norteamericanos fue que la Sagrada Imagen es inexplicable.
Otro de los misterios que la extraordinaria imagen guarda, es que en los ojos de la preciosa Imagen se percibe la figura de un busto humano; este hallazgo se debe a un dibujante que una noche examinaba una fotografía original y vio reflejada en la pupila del lado derecho de la cabeza, que de inmediato calificó como la de Juan Diego. Después un destacado especialista examinó con oftalmoscopio de alta potencia, y dijo que era como estar viendo un ojo vivo. Otros especialistas dictaminaron de la siguiente manera: en el ojo derecho en la porción interna de la cornea, aparece un hombre con barba; en el ojo izquierdo en la porción externa de la cornea, se ve con dificultad una figura parecida a la del ojo derecho, pero desenfocada; en ambos ojos desde el punto de vista óptico y de acuerdo con la posición de la cabeza de la imagen de Nuestra Señora, la colocación de la figura es la correcta. Las imágenes estudiadas por separado por los doctores Purkinje de Breslau y Sanson de París en distintos años, afirman que es la imagen del Juan Diego.
El Dr. José Aste Tösmann, se propuso investigar con aparatos de tecnología muy sofisticados, cuantas imágenes diferentes se veían en el Iris vivo de la Sagrada Imagen, y las conclusiones de sus estudios fue: a) las imágenes existen en ambos ojos y aparecen con detalles precisos y admirables; b) las imágenes están en proporciones, ángulos y tamaños semejantes a los que se presentarían en un ojo de una persona vivo; c) el tamaño de las imágenes son tan pequeños, que sólo con la tecnología más avanzada de nuestro tiempo ha sido posible ser vista; d) aún con la tecnología más avanzada sería imposible pintar imágenes de estas dimensiones y mucho menos con los detalles y precisiones que contiene, en una tela tan áspera. El oftalmólogo Jorge Escalante Padilla, descubrió que los ojos de la Virgen de Guadalupe tienen las ramificaciones venosas que se alojan en el ojo vivo. Esto hace crecer aun más el misterio que guarda la tilma de Juan Diego.
La tilma es verdaderamente un códice náhuatl, puesto que todas las flores que presenta la túnica representan el símbolo Tépetl-cerro. En el centro encontramos en Nahui Ollim (trébol de cuatro pétalos) que tiene un gran significado para los náhuatl, puesto que se encuentra señalando el vientre de la virgen, señalando la antigua ciudad de Tenochtitlan y en especial el Tepeyac, el cerro donde se apareció la Virgen de Guadalupe. De esta manera podemos identificar muchos accidentes geográficos que aparecen con bastante exactitud de lo que se encuentra en la parte central del mapa de México en una escala de uno a un millón. En las dos mangas de la túnica encontramos la grafía de dos cerros con algo blanco que corresponde en el mapa a los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl; arriba de las manos encontramos la imagen de otro cerro que tiene también algo blanco y se identifica con el volcán de la Malitzin. A la derecha se observa una imagen que se relaciona con el cerro de la Estrella, Citlaltépetl o Pico de Orizaba y a la izquierda de la cruz se encuentra en cofre de Perote. La porción de la Sierra Madre Oriental que más se acerca al Golfo de México marca la localización de la cabeza de la Virgen; el océano pacifico se ubica en la imagen donde el ángel sostiene la Virgen. Para los lectores de Códices Mexicanos el lienzo misterioso guarda un códice que precisó a los indígenas la certeza de la tradición en el aspecto geográfico según dice el Pbro. Mario Rojas Sánchez experto en códices náhuatl.
En lo que corresponde a si la imagen fue pintada por un humano, la tilma fue estudiada por Francisco Camps Rivera, experto en arte pictórica, mundialmente reconocido, durante los años 1954 y 1963. El manifestó en su informe: “no puede encontrar huellas de pincel, ni que la tela fuera preparada para pintar, así como que, ningún artista humano hubiera escogido, para ejecutar una obra de tal magnitud, una tela o lienzo de la calidad del ayate, y mucho menos con una costura al centro”. Dice además que a pesar de su experiencia no puede decir cómo fue hecha esa imagen. Por lo expresado, la facultad de la pintura de la Virgen de Guadalupe es un misterio que para la fe de la tradición es un milagro. Después el custodio del ayate, regaló a un sacerdote unos hilos, uno amarillo y el otro rojo, los cuales fueron analizados en los institutos de mayor prestigio del mundo, y se detectó que los hilos no tienen ningún colorante vegetal ni animal ni de ningún tipo.
Recordemos también que en el año de 1836 unos trabajadores del Templo de nuestra Señora, que limpiaban el marco que guardaba la Sagrada Imagen, derramaron accidentalmente ácido nítrico en una esquina de la tilma. Por ello se llevó a cabo una reacción xantoproteico, que consiste en colorear de amarillo los tejidos que como el ayate tienen proteínas, y luego lo deshace. A esto sucedieron dos cosas extraordinarias: que el ayate no se deshizo y que además las manchas de la reacción xantoproteica se están borrando poco a poco.
Compartiendo la hipótesis de Padre Mario Rojas Sánchez sobre el códice que gurda el lienzo de Juan Diego, y si los símbolos del manto representaron accidentes geográficos, las estrellas pueden representar el mapa celeste que se observaba la noche de la aparición a Juan Diego en México-Tenochtitlán, estas hipótesis fueron comprobadas por el Dr. Juan Homero Hernández Illescas, distinguido médico mexicano. En el observatorio Laplace del Dr. Hernández se hicieron los estudios respectivos que comprobaron la hipótesis, se encontró en el lado izquierdo del manto que se identifica las estrellas circumpolares del hemisferio norte: la Osa Mayor, los Lebreres, el Dragón, la Caballera de Berenice y el Boyero. En la parte derecha del manto se reconoce la Cruz del Sur, el Centauro, la Hidra, el Lobo, el Escorpión, Libra y Ofiuco. En la porción inferior de la Virgen del lado izquierdo podemos ver a Tauro, que está por desaparecer en el horizonte occidental, y a la derecha, solitario y muy brillante encontramos a Sirio. Cuando se integran las dos regiones celestes, la del norte y la del sur, podemos encontrar en el centro de la imagen ciertas constelaciones con un gran significado: en la frente de Nuestra Madre encontramos la Corona Boreal, y en su seno a la altura de sus manos encontramos la constelación de Virgo, la Virgen. Además en el cenit del observador, sobre la flor “Nahui Ollin” se encontraría la constelación de León que curiosamente en Náhuatl se dice Nahui Ollin, hacia el oeste se verían los Gemelos y en lugar del ángel la constelación del gigante Orión.
Después de lo anterior, quedó asombrado con la gran cantidad de significados Náhuatl que contiene, es sorprendente el gran amor que Dios tiene por sus hijos, que para que lo entiendan de la mejor manera les habla en su idioma, y es un idioma que los españoles no conocían, puesto que el mensaje no era dirigido hacia ellos como primeros destinatarios, sino a los indios, que a mi parecer, se encontraban en una gran confusión, pues ellos creían que aquellos que llegaban eran dioses, pero esos dioses los tenían oprimidos y le venían a imponer otra doctrina totalmente distinta a la que ellos tenían, era algo que los ponía en un dilema. Dios en un acto de humildad (pues es Humildad total en acto) decide conciliar este choque de dos grandes culturas y mostrarles que no había nada de que discutir, pues Él es el verdadero Dios por quien se vive, del Dador de la Vida.
Todo lo anterior no son más que los resultados de una serie de investigaciones científicas, que para muchos ayuda para revocar su incredibilidad, pero que a nosotros esto no nos debe de preocupar tanto pues creemos en el mensaje central que la Morenita nos vino a traer, y es: “Yo soy la verdadera Madre del Dios por quien se Vive”.



